viernes, abril 03, 2009
miércoles, abril 01, 2009
el fin...
...de este blog está cerca. Esta vez sí. O no. Será el final definitivo, o una pausa, larga o corta. No volveré o quizás sí, a lo mejor aquí, a lo mejor en otro sitio. O en ninguno. Solo o en compañía de otros. Con el mismo rollo o con otro. Gratis o cobrando. Para vosotros o para otros. Igual o mejor. O peor, también es posible. Os lo imaginábais tanto como yo, supongo.
Esto es un poco un fracaso, una rendición, y me da rabia que termine, que se haya agotado, que Kurt ya no tenga nada más que decir.
El fin está cerca. Arrepentíos. No, mejor no, no lo hagáis.
Esto es un poco un fracaso, una rendición, y me da rabia que termine, que se haya agotado, que Kurt ya no tenga nada más que decir.
El fin está cerca. Arrepentíos. No, mejor no, no lo hagáis.
martes, marzo 24, 2009
el escándalo
El primer acto del Tannhäuser que se representa en el Real ha generado cierto escándalo, por lo mismo de siempre: tetas y culos en escena. Como si no se hubiese visto antes en una ópera, como si no se hubiese hecho antes en ese teatro, como si nadie se acordase de, por ejemplo, del Wozzeck de Calixto Bieito. Culos y tetas, con estética de softcore ochentero, con luz rojaca, tanguitas color carne (¿hay algo peor?) y bailarines amanerados interpretando polvos salvajes, algunos incluso (los polvos, no los bailarines) heterosexuales. Escándalo el justo. Si en el primer acto de esta ópera, que tiene lugar en un lugar de vicio y placer dirigido (regentado, aquí pega más regentado) por la misma Venus, no está justificada una escenografía erótica, dime tú. Era más escandaloso lo pacato, mediopelístico y ortopédico del momento-orgía venusiano que el concepto en sí mismo. Luego la cosa remontaba. Cómo es Wagner de maximalista, cómo no se corta un pelo en sus obras. Empezando por la duración: cuatro horas. Y ésta no es de las más largas. Con Wagner no es que te den ganas de invadir Polonia, como dice el genial Woody Allen, es que además te da tiempo.
Lo que sí fue un escándalo fueron los diez minutos que Lorenzo Milá dedicó (en el telediario de TVE de hace dos viernes) a entrevistar en el plató a Pedro Almodóvar y Penélope. Como si ésos dos necesitasen promocionarse, como si no hubiese noticias, como si un informativo de una televisión pública pudiese permitirse el lujo de hacer algo así. ¿Habrá alguien en el mundo mejor promocionado que Pe & Pe? ¿Y alguien más sobrevalorado?
Pero no, la gente lo que quiere es decir que qué mal, cuántas tetas, cuántos culos, dónde vamos a parar.
Lo que sí fue un escándalo fueron los diez minutos que Lorenzo Milá dedicó (en el telediario de TVE de hace dos viernes) a entrevistar en el plató a Pedro Almodóvar y Penélope. Como si ésos dos necesitasen promocionarse, como si no hubiese noticias, como si un informativo de una televisión pública pudiese permitirse el lujo de hacer algo así. ¿Habrá alguien en el mundo mejor promocionado que Pe & Pe? ¿Y alguien más sobrevalorado?
Pero no, la gente lo que quiere es decir que qué mal, cuántas tetas, cuántos culos, dónde vamos a parar.
viernes, marzo 20, 2009
obligado
Mantengo mi promesa de no comprar nada, pero será por poco tiempo. Primero llegaron los matices (mi cumpleaños es pronto, tengo derecho a darme un capricho), luego los argumentos de peso The-Economist-style (¿cómo sino impulsando el consumo vamos a salir de esta?) y, finalmente, antes o después, fin de la etapa. Quiero las New Balance de Mita y 24 Kilates, cualquier cosa de Acronym, algo de Burkman Bros (que es la marca de la debería vestirse Dwalks, la respuesta digna a los ridículos hermanos Caten, los de Dsquared) y Haversack, un montón de DVDs, otro montón de Margielas (a granel), y también Nom de Guerre y Simons, y un jersey op-art de Sander o McQueen, sólo para admirarlo (me veo incapaz de ponerme nada semejante) y queso y jamón y un albornoz de esos que doblados no ocupan nada y le salvan a uno de morir de frío cuando sale de la piscina, menos mal que se llama “climatizada”. Incapacitado para correr (puta alergia), ahora la visito dos veces por semana, aunque el ritual piscinero de invierno me sigue pareciendo antinatural y absurdo, igual que cargar durante toda la tarde con una bolsa llena de cosas mojadas. Ayer me dio un ataque de alergia en el teatro, en plena representación de “Medida por Medida” en la Abadía, sentados en tercera fila en un lateral del escenario, a dos pasos de los actores, dos estornudos seguidos y, acto seguido, una cascada de mocos líquidos. Bendito Dwalks y sus kleenex. Nos gustó la obra, estaba representada casi a pelo, con apenas ningún apoyo escénico, teatro honesto y sin artificios. Hablamos de que un día de estos tendremos que ir a ver la película nueva de Almodóvar, otro ritual (bianual éste, menos mal) que también se ha convertido en casi obligado, algo así como una revisión médica, o pasar la ITV del coche. Dwalks lleva esto con más naturalidad que yo: “Joder, pues vamos a verla y ya está”. A mi me jode sentirme obligado a TENER que verla, sobre todo porque el cine de Almodóvar no me gusta. Jamás he conectado con ninguna de sus películas, y no entiendo como lo puede hacer alguien que no pertenezca al subgrupo socio-cultural del propio director, esto es, maricas urbanas pero catetas, aficionadas a la sublimación de la mujer y el artificio camp. Jamás he conectado con una película de este señor, todas las he visto desde una distancia de seguridad unas veces cómoda y otras fastidiosa. El personaje Almodóvar me parece brillante, pero el director no y el guionista mucho menos. Pero supongo que habrá que ir, como habrá que comprar si queremos que esto empiece a tirar de nuevo. Es tan jodidamente fácil argumentar lo inevitable...
miércoles, marzo 18, 2009
breves apuntes...
...sobre mi último episodio paranoico-hipocondríaco.
El sábado empiezo a notar una molestia en la última vértebra, justo en el coxis, en el culo o, mejor dicho, el pre-culo. Dolor al presionar el punto, pero no demasiado. El domingo el dolor aumenta. Las tres horas y pico de tren, sin cambiar de postura, hacen que cuando me levante el dolor sea más agudo. Es un dolor claramente óseo, pero no recuerdo haberme dado un golpe en la zona. De hecho no recuerdo haberme dado un golpe en ninguna zona. De esas cosas uno se acuerda, y las zonas de uno, también. Lunes: más dolor, más problemas de asiento. Insoportable (pero lo soporto) en el banco de abdominales del gimnasio. En la silla del trabajo, encuentro una posición tolerable, muy erguido, como de modelo asistiendo a una conferencia que no entiende, esa pose tiesa y antinatural. En clase, repito la postura y funciona. En casa, cenando, me cuesta más, ya que se trata de un taburete, no una silla. Analgésico al canto. La pastilla funciona y escribo un rato en el mac, sentado-tirado en el sofá. Martes por la mañana: el efecto del analgésico hace rato que pasó. No tomaré otro: la mañana es la hora del antihistamínico y no me apetece mezclar. No suele funcionar. No si tienes que hacer cosas que requieran estar despierto y vertical. Encontrar la postura en la silla es hoy más difícil. Quizá sea un quiste, situado en una zona mala. Busco en internet. Enseguida encuentro respuestas en webs médicas que son puto pesimismo. Neurología, espina dorsal, incurable, intratable, crónica, dolorosa. Termino en la web de una asociación de afectados por enfermedades raras. Paranoia. El año pasado le tocó al túnel carpiano, el anterior fue meningitis, cada vez me vuelvo más sofisticado, al año que viene será el síndrome de Gretuioraoiruanoff-Hressgygylfeld, o el síndrome de Kurt, primer caso descrito, primera víctima. Cojo un taxi, voy a Urgencias, me hacen esperar (me lo merezco), finalmente me reciben, les cuento la historia, todo, incluso de lo de internet y la página de enfermedades raras, me miran la zona, les pregunto si es algo grave, me dicen que no, les pregunto si es Gretuioraoiruanoff-Hressgygylfeld, me dicen que no, lo pregunto de nuevo, me dicen que no, no es nada de eso, seguramente es sólo un pequeño traumatismo, quizá un bache que cogimos yendo en moto, recuerdo haber pegado un par de botes bajando por la calle Numancia el sábado para ir a ver la exposición de Richard Rogers, un bache, mala suerte, un microtraumatismo acentuado por las horas que paso sentado. ¿Cuántas son?, me preguntan. Muchas. Intenta controlar la postura, me dice el médico, y me da un antiinflamatorio-placebo. Salgo del hospital, se me han pasado todos los síntomas que empecé a notar en cuanto los vi descritos en la web pesimista, mareos, nauseas (nunca he tenido), hormigueo, visión borrosa, paranoia, hipocondría. Quedan la vergüenza ajena, la indignidad, y el ridículo.
El sábado empiezo a notar una molestia en la última vértebra, justo en el coxis, en el culo o, mejor dicho, el pre-culo. Dolor al presionar el punto, pero no demasiado. El domingo el dolor aumenta. Las tres horas y pico de tren, sin cambiar de postura, hacen que cuando me levante el dolor sea más agudo. Es un dolor claramente óseo, pero no recuerdo haberme dado un golpe en la zona. De hecho no recuerdo haberme dado un golpe en ninguna zona. De esas cosas uno se acuerda, y las zonas de uno, también. Lunes: más dolor, más problemas de asiento. Insoportable (pero lo soporto) en el banco de abdominales del gimnasio. En la silla del trabajo, encuentro una posición tolerable, muy erguido, como de modelo asistiendo a una conferencia que no entiende, esa pose tiesa y antinatural. En clase, repito la postura y funciona. En casa, cenando, me cuesta más, ya que se trata de un taburete, no una silla. Analgésico al canto. La pastilla funciona y escribo un rato en el mac, sentado-tirado en el sofá. Martes por la mañana: el efecto del analgésico hace rato que pasó. No tomaré otro: la mañana es la hora del antihistamínico y no me apetece mezclar. No suele funcionar. No si tienes que hacer cosas que requieran estar despierto y vertical. Encontrar la postura en la silla es hoy más difícil. Quizá sea un quiste, situado en una zona mala. Busco en internet. Enseguida encuentro respuestas en webs médicas que son puto pesimismo. Neurología, espina dorsal, incurable, intratable, crónica, dolorosa. Termino en la web de una asociación de afectados por enfermedades raras. Paranoia. El año pasado le tocó al túnel carpiano, el anterior fue meningitis, cada vez me vuelvo más sofisticado, al año que viene será el síndrome de Gretuioraoiruanoff-Hressgygylfeld, o el síndrome de Kurt, primer caso descrito, primera víctima. Cojo un taxi, voy a Urgencias, me hacen esperar (me lo merezco), finalmente me reciben, les cuento la historia, todo, incluso de lo de internet y la página de enfermedades raras, me miran la zona, les pregunto si es algo grave, me dicen que no, les pregunto si es Gretuioraoiruanoff-Hressgygylfeld, me dicen que no, lo pregunto de nuevo, me dicen que no, no es nada de eso, seguramente es sólo un pequeño traumatismo, quizá un bache que cogimos yendo en moto, recuerdo haber pegado un par de botes bajando por la calle Numancia el sábado para ir a ver la exposición de Richard Rogers, un bache, mala suerte, un microtraumatismo acentuado por las horas que paso sentado. ¿Cuántas son?, me preguntan. Muchas. Intenta controlar la postura, me dice el médico, y me da un antiinflamatorio-placebo. Salgo del hospital, se me han pasado todos los síntomas que empecé a notar en cuanto los vi descritos en la web pesimista, mareos, nauseas (nunca he tenido), hormigueo, visión borrosa, paranoia, hipocondría. Quedan la vergüenza ajena, la indignidad, y el ridículo.
miércoles, marzo 11, 2009
unas pastas o algo
Dwalks ya se ha mudado a su nueva casa, él solito. Ya la ha llenado de muebles, electrodomésticos y comida. El otro día le acompañé a hacer su primera compra de comida, esa que todos hemos hecho alguna vez en la vida, esa en la que compras cosas que jamás has utilizado, como harina, bicarbonato y chalotas, simplemente porque en casa de tus padres siempre han estado y, en cierto modo, las tienes incorporadas en el concepto casa, como las bayetas del polvo o las pinzas de tender la ropa, dos cosas que sí son fundamentales pero rara vez compras en tu primera compra.. Yo en mi primera compra compré tanta comida que la mayoría terminó por pudrirse. Dwalks ahí lo ha hecho bien y parece que desde el principio hará uso del congelador, ese electrodoméstico que en los primeros meses de independencia es un mero contenedor de bolsas de hielo, helados y, en muchos casos, precocinados, pero que al final, si eres listo, se convierte en uno de los centros de tu existencia y tu bienestar, junto con la tintorería, la farmacia, Google, Teletaxi y Pizza Hut. Uno nunca entiende el disgusto que implica, a efectos congelador y su contenido, un fallo eléctrico o un apagón hasta que pasa por esa experiencia terrorífica. Esos momentos de angustia en los que no sabes si volverá la normalidad y toda tu comida congelada se salvará o se descongelará masivamente y, consiguientemente, perderás, como mínimo la mitad, sólo los entiende quien los ha vivido. Como estar en el trabajo sabiendo que el aguacero que en estos momentos cae sobre Madrid está arruinando tu colada recién tendida. Como que se estropee la caldera y el servicio técnico te diga que hasta dentro de una semana no podrán pasarse por tu casa. Como que alguien toque las paredes recién pintada con las manos pringadas de grasa y tomate de pizza. Como que alguien (otro alguien, o el mismo del punto anterior) se presente por sorpresa y tú tengas la casa hecha un desastre. Disculpa por el desorden, si hubiese sabido que venías habría limpiado un poco. Y habría hecho buñuelos de faisán y ñoras. La próxima vez avísame antes, para que me de tiempo a bajar a la pastelería a por unas pastas o algo.
sábado, marzo 07, 2009
yoyoyoyoyo
Vamos a ver si consigo que la cosa (blog) vuelva a arrancar, cuántas veces he dicho esto últimamente, va a parecer esto la trayectoria literaria de la Nothomb, siempre lo mismo, más de lo mismo, aunque ya podría yo forrarme igual que ella, hablando siempre de lo mismo, yo yo yo yo yo yoyoyoyoyo, y mis movidas mentales, y mis enfermedades conscientes y consentidas, y mi rareza. Y poner aquí fotos de perros callejeros comiendo mendrugos, o de mendigos pidiendo a las puertas de Vuitton, eso vende mucho, en plan “mi mirada encuentra el arte en cualquier sitio”, y la mitad de la gente se lo traga, posiblemente vosotros también, yo lo hago, a mí me las dan con queso como a todo el mundo. Ayer pagué 90 euros por una entrada para un concierto de esa señora mayor, si eso no es dejarse llevar por la masa... Calculemos el número de clases de pilates que podrá tomar la sujeta en cuestión con los beneficios de su gira, calculemos el número de años que tendríamos que trabajar para ganar lo mismo, calculemos el número de minutos, a ver si cabe en la casilla del excel o el ordenador da mensaje de error. Esas son las típicas cosas que haces en la oficina cuando no tienes trabajo pero quieres hacer creer que sí, ese tipo de cálculos, el equivalente laboral a los dibujos meticulosos y enloquecidos que algunos garabatean mientras hablan por teléfono, si tienen una hoja y un bolígrafo a mano. Mi madre, en sus conversaciones telefónicas de horas (¿“de días” es viable?) era capaz de hacer auténticas obras de arte, pura filigrana, encaje, bordado a mano hecho por niños chinos. Quizá lo consiguen así, con los niños que bordan, quiero decir, sus empleadores se encargan de que siempre tengan alguien al teléfono, los niños, insisto. Y así salen cosas preciosas, lujosísimas, el made in China ya no es sinónimo de cutrez, el niño entretenido, conversación telefónica eterna, sin darse cuenta borda mientras tanto con precisión y meticulosidad aterradoras, borda cosas que se venden en las boutiques caras de las calles caras, y en la puerta de la tienda hay un mendigo pidiendo, y de la tienda sale una señora (es una señora, no por machismo, sino porque en este caso es así, y ha comprado algo caro y con muchos bordados, pongamos que un bolso, y pongamos que la señora tiene la carne y la textura de Carmen Lomana, qué fan soy de esta mujer que es lo más parecido a un dibujo animado que he visto nunca, es una mezcla de dos Jessicas, la Sarah Parker y la Rabbit, momificadas ambas para la ocasión) y mira al mendigo con cara rara, no de asco sino de sorpresa, como si no entendiese que hace alguien así vestido ahí sentado y por qué la mira así y por qué tiene en la mano un vaso de frapuccino vacío con unas cuantas monedas dentro. Y es ahí cuando aparezco yo. Es entonces, justo en ese momento, cuando yo saco la foto, la señora con la cara de no enterarse y el mendigo con esa supuesta dignidad de los realmente pobres (yo no creo que sea dignidad, creo que es un grado extremo de abatimiento, una rendición, deriva), los dos en el plano, la foto en blanco y negro, haciendo arte, cambiando el sujeto protagonista, que ya no es ni la señora, ni el mendigo (primero le niego la dignidad y ahora, el protagonismo en su propia historia), sino yo (yo yo yo yo, yoyoyoyoyoyo).
